lunes, 17 de agosto de 2015

LUNES

Lunes y lo único que deseo es volver a casa y preparar arroz integral. Tirarme a la cama. Mi cuerpo sigue resintiendo el "estar enfermo". Tengo dolor en algunas articulaciones y un sueño que apenas y soporto. Me desvelé el sábado, ayer dormí como animal hibernando, pero nada bastó. Hoy amanecí mal y con un dolor de cabeza que no me explico. Pero pienso en la paz que me da cocinar arroz integral, en poner una taza de dicho cereal y luego tres tazas de agua y ponerlo todo a la pequeña arrocera que recibí como regalo el día del padre.


jueves, 13 de agosto de 2015

Benito, el hermano de Elena.

Murió Benito Luna. Hermano de Elena, mi abuela. Fueron cuatro y poco a poco fueron desapareciendo de la faz de la tierra hasta que quedó él, el mayor de todos, postrado en una cama. Dejó de escuchar hace tiempo. Apenas y veía, mamá dice que él tenía ya más de noventa años. Murió prácticamente solo. Al morir su esposa se fue a vivir a la casa de la abuela, después de fallecer la abuela el tío quedó a cargo de la única hermana de mamá. ¿Qué si tuvo hijos?, sí, dos, uno de ellos falleció pocos días después de haberse casado y su hija, vive en un barrio en una de las montañas del pueblo. Su hija y él se abandonaron, ella nunca fue a verlo y supongo que ahora que falleció, le llorará un poco y se lamentará mucho. ¿Que si tuvo dinero?, sí, mucho, todo el dinero que le puedo haber heredado el bisabuelo, ranchos, casas, ganado, pero todo acabó poco a poco hasta quedarse con nada y en una soledad brutal dependiendo de la hermana de mamá. Mamá y la tía hicieron lo posible por mantenerlo vivo, curaciones, medicamentos, comida, café, un poco de compañía, pero nada de eso pudo curar su desnutrido cuerpo. Si la vejez y la soledad y la pobreza son duras por separadas,,, ahora juntas, es una situación terrible. Así falleció el tío, el hermano de Elena, mi abuela que hace años falleció y antes de hacerlo enloqueció una mañana del noventa y seis. Benito murió solo, abandonado por su única hija, por sus tantos nietos y por sus tantos y tantos bisnietos. Murió pobre. Mamá me cuenta que él fue un hombre poderoso, que sus propiedades no tenían fin y cuando la abuela y mamá eran muy pobres, llegar a casa del tío significaba también cierta humillación por parte de él y su esposa, la tía Lina, fallecida hace años y que antes de morir enfermó de reumas. Pero la muerte y la soledad y la pobreza, supongo que al menos una de las tres, tarde o temprano nos toca, habría que luchar porque nunca nos toquen las tres juntas, como a Benito, que a estas horas, lo alistan para enterrarlo, a él, a su soledad, a su pobreza, a su vejez, a su abandono. 

viernes, 7 de agosto de 2015

DESEMPOLVANDO TODO.

Enfermé. Ahora apenas recupero la movilidad de mis manos, apenas voy dejando los medicamentos con dosis cada vez más espaciadas. He llorado un poco. Ya saben, así, como lloramos pocos, en silencios, abrazados a la nada. Anoche me asomé a la pequeña biblioteca y acaricié algunos libros. Hace tanto que no leo. Hace tanto que enfermé. Hace tanto que dejé un poco de ser yo. Hablo de mí. De ser un texto inacabado, una especie de carretera que olvidaron construir. Treinta y tantos años ya y aún no poseo bienes materiales que puedan darme el estatus de "hombre de bien". En cambio muevo la cabeza cuando llegan los estados de cuenta. Pagar el viaje por Asia, pagar los últimos utensilios de cocina, pagar las mensualidades de algo que seguramente compré hace tiempo y ya olvidé que fue.

Enfermé digo. Acabo de tomarme la otra pastilla. Mi cuerpo ya no es un mar de posibilidades. Es ahora la herida abierta que nunca cicatriza. Bebo café después de varios días. El estómago arde, como arde la piel cuando la arañan con cientos de clavos. Las mañanas también han sido mañanas enfermas, enfermas de ausencias, enfermas de delirios, enfermas de paranoia, enfermas de mí y también de ese amor que es llama en mitad del desierto. Ave de mal agüero.

Estoy enfermo, digo. Y no me cabe ya nada en este corazón roto. Aquí, me rebalsa todo lo que me brota, la pasión, la visceralidad, los contrastes, los tonos grises, otra vez el amor que es un perro famélico caminando en el centro de la ciudad. Un perro que husmea y que sigue sin encontrar algo.

Digo que desempolvo todo. Pasaporte, libros, cuadernos, cámara, computadora, ojos, corazón, manos, pies, esperanza, amor.

Aquí estoy, agitando la mano a mitad de carretera... acompañado de la maleta rota.