miércoles, 25 de febrero de 2015

11.19

Bebo el café necesario, y fumo. Soy oficinista como tantas personas, oficinista que viene en bicicleta, oficinista que tiene que pagar las cuentas de agua, luz, teléfono, casa, coche, comida, ropa. Oficinista que recibe órdenes, oficinista que da órdenes, oficinista que cuida de su lápiz, sus hojas blancas, sus bolígrafos, porque dicen en almacén que cada vez hay menos. Oficinista que también le entra a la vendimia en su tiempo libre. Oficinista que hace eso, cumplir con las ocho horas mínimas que pide cualquier contrato de trabajo en este país. Con su respectiva hora para salir a comer.

Ya no escribo como antes ni tomo fotos, mucho menos voy a las cantinas que tanto me gustaban. Soy un hombre de bien, según algunas reglas de la moral en turno.


Ahora, justo ahora ya tengo frío el café y tengo dos oficios por hacer y una junta pendiente, ¿viajes?, no, por ahora no, las restricciones financieras están a todo lo que da, en función de cumplir con lo que la sociedad manda, incluye, pagar todo a meses sin intereses con todas las tarjetas bancarias y que las tengo ordenadas por la cantidad de crédito autorizado. Así, digamos, soy una persona que a crédito lo puede pagar casi todo.

Ahora me ha dado por la fotografía y el cine. Veo de tres a cuatro películas por semana y tomo cientos de fotos con la intención de mejorar la técnica, no sé si algún día sirva todo esto, el año pasado tomé dos cursos sobre auto representación en la fotografía y uno más sobre la post-producción en cine.

Tengo en mente, trabajar todos mis abandonos.

También soy un hombre triste, de dos a cuatro veces por semana. Las otras veces soy un hombre normal, sin sobresaltos importantes.

de las cosas que quiero es volver a la literatura, tener el hábito de escribir todos los días y de leer, leer hasta quedar dormido. Hoy ya no pretendo grandes cosas, soy cada vez más egoísta, quiero las cosas para mí, como fue en un principio, leer para mí, escribir para mí, fotografiar para mí. No quiero monstruos coléricos acechándome desde la distancia. Quiero mis monstruos, los mismos que he tenido, los quiero despiertos, quiero domar la infancia, la adolescencia, el deseo pueril, el futuro que como serpiente arrasa y devasta la ciudad que soy.

Estoy perdido en mi imaginario. Pero voy apareciendo entre la neblina y la bruma, de mar y la montaña.