A Lorenza de Arabia y,
a Rosa de
Vicente,
por estar conmigo en esta batalla.
Las siguientes fotografías pertenecen a un ejercicio de
abandonos, el amor, la casa, la vida, el trayecto, la pareja. Durante cuatro años me excluí del mundo, viví encerrado en
eso llamado “simbiosis destructiva”, me enfrenté a todos mis fantasmas y a
todos mis demonios. Aprendí a limpiar la vida, fueron años duros, difíciles,
dolorosos y también fueron años felices.
Las fotografías quizá no representen todos los episodios
vividos, pero sí, representa cada una, muchos días vividos, muchas vidas también,
al final, hablamos de mil días que es lo que dura el amor y hablamos de mil
vidas que es como se llama la canción final.
Apenas recuerdo mi vida hace cuatro años, mis miedos, mis contradicciones, mis ganas de ser otro. Un cuerpo mutilado por la universidad, por los viajes hacia lo más sórdido del ser humano. Siempre quise el mar. Aquí fue donde me redimí la primera vez. Eran los primeros días del los mil restantes.
Uno crea sus fantasmas, uno los alimenta, uno les da el poder para destruir. Ellos son nuestras propias batallas. Quien los enfrenta y los libra, tendrá la paz eterna.
Siempre fue mi motel favorito. Siempre la posibilidad, siempre el lugar donde no sólo mi cuerpo estuvo, sino también otros que creyeron en la misma posibilidad que yo.
Un día comimos chicozapote. Un día entonces mi corazón fue un chicozapote maduro que cayó mil veces.
Uno nunca sabe quién es, hasta que las luces van apareciendo y vamos tomando forma. Este es mi retrato, el retrato de un hombre invisible.
Hubo un día en que yo estaba solo, o en que sabía que alguien estaba con alguien, conjugando cualquier verbo en plural. Yo a kilómetros, profesaba amor y fidelidad, a distancia, alguien ya no lo hacía...
Un día volví al pueblo que nunca le gustó porque se había inventado otra historia. Hubo flores en el parque, de alguna manera, representaban el funeral que yo estaba viviendo esos días.
Una llamada, un lunes. Lloré mañanas y tardes y noches. Lloré vidas vidas enteras, lloré fantasmas, lloré perdones. Lloré tanto. Esta foto es de un jueves, la última vez que me puse a llorar como si nada tuviera remedio. Solté la última lágrima.
Es curioso, no fui yo quien destruyó las fotos. No fui yo quien puso el punto final. Una tarde, alguien llegó a casa y tomó las fotos, varias, y las hizo pedazos. Con esto, ambos estábamos destruyéndonos y construyéndonos al mismo tiempo. Toda ruptura es abandono. Todo abandono es ya, una ruptura.
Entonces sucede que uno comienza a palpar la realidad de otro modo. Uno es basura a veces, a ratos, uno es resto de algo.
"Solo aquel que está angustiado encuentra descanso; sólo aquel que desciende a los infiernos rescata a sus seres queridos y sólo aquel que empuña su cuchillo halla a Isaac."
KierkegaurdEn esos días lo único que hice fue cortarme la poca barba que tengo. Ya todo estaba dicho. Ya en el lavabo, sólo había un cepillo de dientes. Y sabía que esta vez, yo no había inventado nada.
Entonces abandoné todo, bebí y dejé que todo se llenará de moho, que todo lo carcomiera el tiempo, que todo se fuera a la cloaca. Por que al final de cuentas nosotros, sin saberlo, fuimos cloacas encontradas.
_
¿En qué momento una casa deja de ser una casa¿ ¿Cuándo se cae el techo? ¿Cuándo le quitan las ventanas? ¿cuándo las paredes se desmoronan? ¿Cuándo se convierte en un montón de escombros?
*
Pero un día, de repente, las paredes de la casa se desmoronan. Sin embargo, si la puerta sigue en pie, todo lo que hay que hacer es abrirla y volver a entrar.
Paul Auster
_Hubo un día. Una noche de domingo en una cafetería del centro de la Gran Ciudad, donde me puse a leer y a escribir. A recordar un poco quien había sido cuatro años antes, volví entonces al libro, al cuaderno de viaje, a la pluma, al café...
Ese día, pedí primero una limonada con agua mineral, sin azúcar y dos cubos de hielo y pedí también que no me trajeran popote. Ese día la ciudad empezó a ser otra.
Ha habido una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. Y el acto
de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo creía que haría, ha mantenido esta herida abierta. En ocasiones he sentido su dolor concentrado en mi mano derecha, como si
sufriera un desgarramiento cada vez que levanto la pluma y la presiono contra el papel.
Uno elige el camino. Uno es el camino. Un viaje sin retorno.
*
*
También es probable que una vez que esta historia haya
acabado siga narrándose así misma, incluso después de haber gastado todas las
palabras.
No hay nada que recordar, nada más que una especie de vacío.
Paul Auster














Supongo que me hace falta tomar más fotos.
ResponderBorrarQuizá funcione señor. Ahora a través de la fotografía también hay una especie de reconocimiento. Ahora soy una especie de puzzle que empieza a reconstruirse a través de imágenes y palabras, preguntándome quién es uno después de tantos abandonos y tantas rupturas. Ojalá nos veamos pronto, hace falta el whisky, la cerveza, el café, el vino. Porque uno ya es otro siempre....
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